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26. Septiembre 2009 por admin.
La homeopatía es considerada por el mundo científico una pseudociencia. Esta medicina alternativa Fue desarrollada por el médico sajón Samuel Hahnemann (1755–1843) a principios del siglo XIX y está basada aún en la teoría de los humores hipocrática, cuyo arsenal terapéutico contaba con la sangría y la purgación como armas principales. Se basa en los principios de que lo semejante se cura con lo semejante (similia similibus curantur), y de dilución extrema. Los remedios homeopáticos se preparan diluyendo progresivamente una sustancia y sacudiendo repetidas veces la disolución (potenciación o dinamización); la dilución llega a alcanzar tal grado que no queda ni una molécula de la sustancia original. El proceso consiste en la disolución de una pequeña cantidad de una sustancia en agua, alcohol o lactosa hasta que no queda ni una molécula, ya que, según los homeópatas, el compuesto es “energéticamente más potente” cuanto más diluido esté el principio activo. Los productos homeopáticos, ésos de venta en farmacias, no contienen principio activo alguno, así que no pueden tener ningún efecto farmacológico. En un estudio publicado en la revista médica The Lancet por científicos suizos y británicos se llegó a la conclusión de que “La homeopatía no es más efectiva que las sustancias que carecen de acción terapéutica o placebos”. (ABC-03/09/2005)A Pesar de todo ello, se sigue apoyado esta pseudociencia por instituciones públicas del país. La última noticia sobre estos apoyos nos la trae, por ejemplo, El Correo Digital:
“El último ejemplo de irresponsabilidad pública y profesional lo darán la semana que viene el Gobierno Canario, el Parlamento de Canarias el Cabildo de Tenerife, Caja canarias y el Colegio de Médicos de Santa Cruz de Tenerife, al avalar las II Jornadas Científicas de Homeopatía. El encuentro cuenta con el interesado apoyo de los homéopatas Laboratorios Boiron, Laboratorios Biótica, Laboratorios IberHome, Laboratorios Heel, Laboratorios Lehning y Dr. Reckeweg & Co España. Se celebrará el 2 y 3 de octubre en el edificio de Tenerife de la Presidencia del Gobierno canario y, según el programa, “contará con la presencia de las primeras autoridades institucionales”.
Ya va siendo hora de que alguien diga las cosas claras. En temas de salud se hecha de menos un anuncio como ese que aparece en televisión de Aquaboa: “Beber agua es bueno … es tan bueno beber agua del grifo como de la botella más cara del mundo”, pero a la inversa, claro.
Si alguien colgase un cartelito en las recepciones de las consultas médicas que dijese “La homeopatía tiene la misma eficacia que el agua de Lourdes a la hora de curar una enfermedad” comenzaríamos a poner las cosas en su sitio. Pero esto no ocurre, y ya hay mucha gente que cree que es un remedio efectivo. El tiempo de impunidad está dándole a esta pseudociencia una categoría que no se corresponde con su eficacia.
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15. Septiembre 2009 por admin.
La lectura del tarot se hace un hueco en el XVII Congreso de Estudios Vascos
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Hoy a las 7:45
El XVII Congreso de Estudios Vascos, que se celebrará en Vitoria del 18 al 20 de noviembre, incluirá entre sus actividades la lectura de cartas a cargo de Arantxa Ugartetxea y Sebastián Fuentealba, coordinadores de un taller dedicado a El tarot y la pedagogía. Sinceramente, cuando me alertaron de ello no podía créermelo. Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos es una entidad a la que uno consideraba inmune a una superchería tan incomprensile y pésimamente redactada como la que asoma en la sinopsis del taller de marras, cuyos responsables consideran un maestro al tarotista chileno Alejandro Jodorowsky, inventor de la psicomagia, una presunta técnica de sanación espiritual.”La idea detrás de la psicomagia es que, según Jodorowsky, todo el mundo tiene exactamente el mismo imaginario simbólico sexual-sanguinario-freaky-copromítico que distingue a Jodorowsky. Ésta es la base, porque determina, por dogma de fe, que Jodorowsky entiende la mente humana mejor que nadie, es la mente humana arquetípica y perfecta, en la que cabe la mente de todos los demás, y por ello es precisamente Jodorowsky el elegido para inventar los rituales simbólicos que curarán los males de las personas”, resume el periodista científico y cazador de charlatanes Mauricio-José Schwarz. A mí con Jodorowsky, su tarot y su psicomagia me pasa lo mismo que con Paulo Coelho y sus consejos de galleta china, que no entiendo cómo pueden engañar a alguien con sus patochadas. Admito, no obstante, que hay gente para todo, incluidos la prensa del corazón; pero me sobrepasa que discípulos de este tipo de cuentistas participen como ponentes en un congreso organizado por Eusko Ikaskuntza y avalados por un comité científico.Jodorowsky cuenta, en el último número de la revista Año Cero, lo que dice a quienes le pagan por echar el tarot: “Por ejemplo, alguien que se enojó mucho con su abuela y, a causa de esto le vinieron los cánceres, la penuria sexual, etcétera. La rabia acumulada acabó llegándole a esta persona, así que le aconseje que orinase sobre la tumba de su abuela, insultándola”. Según el charlatán -su modo de culpar a un enfermo de sufrir un cáncer resulta repugnante-, el pagano orinó en el cementerio, y luego limpió la tumba de la abuela “y puso un vasito de miel en la misma”. Si usted cree que alguien que aconseja a otra persona hacer eso está chalado o es un caradura, está confundido, según la discípula de Jodorowsky que intervendrá en el XVII Congreso de Estudios Vascos. “Otro maestro, Alejandro Jodorowsky, esta vez chileno, me ha iniciado, a través de su palabra escrita y también expresada en actuaciones presenciadas en las imágenes de alguna pantalla, en esos arcanos mayores y menores del tarot, cargados de trascendencia”, afirma Arantxa Ugartetxea en la presentación del taller de tirada de cartas.
Y, como si digo lo que pienso me pierdo, me limito a preguntar: ¿cómo han podido el comité científico y el comité asesor del XVII Congreso de Estudios Vascos dar luz verde a un taller sobre El tarot y la pedagogía?, ¿qué será lo próximo, quizás una invitación a Urtzi Ihitza para que explique cómo los negros son los únicos auténticamente terrestres y nosotros, los blancos, somos de otro mundo y estamos aquí para ayudarles a evolucionar?, ¿o invitarán al pastor del Gorbea o de donde sea a hablar de las témporas y el cambio climático? Porque yo no encuentro ninguna diferencia de calidad científica entre la patraña tarotista, la patraña extraterrestre-racista y la patraña temporero-climática.

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10. Septiembre 2009 por admin.
Facebook | La ilusión de lo increíble, de Luis Alfonso Gámez
He visto cosas increíbles: desaparecer un elefante en un escenario, encenderse un cigarrillo al acercarlo a un cenicero vacío, adivinar el resultado un número de una suma antes de conocer los sumandos. Aunque parecen milagros, no lo son. Sé que detrás de cada uno de esos prodigios hay una explicación racional, pero nunca me ha importado ignorarla. Cada vez que veo un espectáculo de magia, disfruto de la ilusión de lo increíble, de lo para mí inexplicado, que no inexplicable. No busco el truco, como no lo hago ante los efectos especiales de una película.Entre el ilusionista y su público existe siempre un pacto: el artista se compromete a simular prodigios; el espectador, a seguirle el juego. Los ilusionistas viven de hacernos creer en lo increíble, pero están en las antípodas de los psíquicos y los investigadores de lo paranormal. Mientras que los primeros nos advierten de que lo suyo tiene truco, los segundos quieren hacernos creer que vivimos en un mundo lleno de prodigios. Hay gente que admite que el ilusionista David Copperfield nunca ha hecho desaparecer la Estatua de la Libertad, aunque parezca que así ha sido, y cree, sin embargo, que Uri Geller dobla cucharas sólo con el poder de la mente. Si el mago estadounidense se dedicará a romper cuberterías, dirían que hay gato encerrado; pero como lo hace Geller…
El mundo de lo paranormal es un mundo de engaños donde se vende lo inexplicado como inexplicable. Todos los dotados -desde las hermanas Fox, fundadoras del espiritismo a mediados del siglo XIX- han tenido su principal enemigo en los ilusionistas, por una razón muy simple: éstos viven de engañar a la gente y saben cómo hacerlo. El famoso Harry Houdini fue hace un siglo la bestia negra de los psíquicos, como hoy lo es James Randi, mago capaz de duplicar todos los fenómenos paranormales que han hecho famoso a Geller, desde doblar cucharas hasta adivinar qué ha dibujado alguien a sus espaldas. Cuando lo hace Randi, tampoco nadie habla de poderes extraordinarios.
Ray Hyman, profesor de psicología de la Universidad de Oregon, se hizo pasar una vez por echador de cartas en un programa de radio y abrió los micrófonos a los oyentes para que le preguntaran qué les iba a deparar el futuro. El resultado fue extraordinario: todos le dieron un sobresaliente en sus predicciones. Hyman, en realidad, sólo había puesto en práctica lo que se conoce como lectura fría, una técnica que consiste en sonsacar información al consultante para devolvérsela como si fuera un hallazgo nuestro. Es lo que hacen los adivinos en la tele, la radio y sus gabinetes, preguntar al cliente y deducir cosas de sus respuestas, apariencia, gestos… Fíjense la próxima vez que vean a un brujo en acción en un medio de comunicación cómo necesita que el pagano le facilite información, cómo no puede deducir por sí mismo ni siquiera la edad de su interlocutor.
No hay nada paranormal en la lectura fría. Cualquiera puede aprender sus principios y vivir de la ingenuidad del prójimo. En España, lo hacen miles de personas que echan el tarot, leen la bola de cristal o hacen cartas astrales. Y hay quien cree en sus poderes, pero niega que un ilusionista sea capaz de hacer desaparecer de verdad la Estatua de la Libertad, cuando en el fondo hablamos de lo mismo, de la ilusión de lo increíble. A mí me gusta que me asombren, no que me engañen. ¿Y a usted?
Publicado originalmente en A Ciencia Cierta.

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3. Septiembre 2009 por admin.
facebook no solamente sirve para recopilar gracietas de conocidos y menos desconocidos. De vez en cuando hay algo interesante. En esta ocasión me he encontrado la reseña de un libro que creo que estaba haciendo falta, especialmente en España. Para simplificar, voy a copiarla a continuación:
“La barrera para convertirse en experto se sitúa tan abanijo que el único requisito real es el talento para la autopromoción”, dice Damian Thompson sobre los vendedores de dietas milagrosas en Los nuevos charlatanes. La sentencia puede ampliarse a cualquier campo del contraconocimiento, desde la pseudohistoria hasta la medicina alternativa, pasando por el conspiracionismo, los ovnis y los peligros de la telefonía móvil. Periodista y sociólogo de la religión, Thompson es el niño que alerta en el cuento de que el emperador está desnudo. Nos avisa en este ameno ensayo del peligroso auge de una industria que explota la pseudociencia en su beneficio, en contra del conocimiento científico, y a veces con riesgo para nuestras vidas y la democracia.
Supe de esta obra gracias al historiador José Luis Calvo. Me la recomendó diciéndome que se trata de uno de los pocos libros escépticos publicados en España en los últimos años que ha encontrado interesantes. Destacaba, entre los argumentos a favor de Los nuevos charlatanes, que el autor le hincaba el diente a la pseudohistoria y, en particular, a Graham Hancock y al libro 1421: el año en que China descubrió el mundo, de Gavin Menzies. Sinceramente, Hancock siempre me ha parecido un plomazo y las lucubraciones de Menzies, sinsentidos, pero Thompson se ha molestado en desmontar tanto los artificios del primero y otros pseudoarqueólogos como los del segundo. A pesar de esto, para mí el principal logro del autor es otro, poner en el objetivo a los auténticos culpables del auge del contraconocimiento: los empresarios de la comunicación y la edición. Sin ellos, el charlatán más avispado sería un don nadie; con ellos, un experto acaba convirtiéndose en la referencia para miles e incluso millones de personas.
La guerrilla de las bitácoras
El papanatismo que nos rodea tiene en este libro un magnífico antídoto con una salvedad, la de la religión como me advirtió Calvo en su momento. Thompson, editor en jefe del Catholic Herald, considera que las creencias religiosas no han de juzgarse con las herramientas de la razón, como el resto de pensamiento mágico. “Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento. Si uno afirma que el Espíritu Santo le ha curado un cáncer, eso tampoco es contrastable; nadie puede demostrar que Dios no estuviera detrás de los procesos naturales o médicos que llevaron a su curación”, dice, invirtiendo tramposamente la carga de la prueba. Porque, cuando alguien sostiene que algo existe, es ese alguien quien debe demostrarlo, no el resto quien tiene que demostrar que ese algo no existe. Y lo mismo vale respecto a la mano de Dios en cualquier proceso natural o artificial. Es el borrón en un libro recomendable.
Thompson hace, además, en el último capítulo una llamada a la acción en Internet, un campo en el que también los anglosajones sacan años luz de ventaja a los escépticos hispanohablantes. “En el último par de años el contraconocimiento ha demostrado ser sorprendentemente vulnerable a los ataques de guerrilla de la bitacosfera. Los defensores independientes de la verdad empírica, armados hasta los dientes de datos sólidos, han organizado emboscadas devastadoras contra los curanderos y embaucadores que han penetrado demasiado en el dominio público”, indica. Y cita cuatro sitios de Internet que, a su juicio, “han hecho absolutamente miserables las vidas de las celebridades de la pseudociencia” porque “las reputaciones son fáciles de dañar en un mercado ferozmente competitivo, y la gente tiende a disfrutar del espectáculo de la humillación de opulentos y altivos gurús de la salud”.
Damian Thompson [2008]: Los nuevos charlatanes [Counterknowledge. How we surrendered to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history]. Traducción de Joan Lluís Riera. Ares y Mares. Barcelona 2009. 223 páginas. 18,5 €.
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31. Agosto 2009 por admin.
No me suena a nada nuevo, pero habrá que profundizar en la investigación, más que nada porque estamos a finales de agosto y no tengo nada mejor que hacer.
La risa floja se me comienza a soltar cuando llego a la lectura del siguiente párrafo:
¡Eso mismo me pregunto yo! vamos a ver qué explicación no da:

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