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la redes sociales en internet

Casi todos los internautas conocemos las redes sociales: Facebook, Twitter, Identi.ca, Myspace, etc. están en boca de todos y raro es no pertenecer a alguna de ellas (o a casi todas) Tienen la ventaja de que de una forma muy sencilla podemos comunicarnos con un gran número de personas y de que cualquiera, incluso sin tener conocimientos informáticos, puede publicar contenidos en la red.

Pero a pesar de estas virtudes, hay gente que dice que no tienen futuro, porque son muy superficiales y no pasan de ser una moda más que el tiempo borrará de la red de redes. Yo, por otro lado, opino que este tipo de redes tienen futuro porque están fundamentadas en la filosofía primigenia de Internet: compartir información. Las BBS, el IRC, la antigua Web 1.0, los blogs, wikipedia, el P2P … todo, a pesar de las constante evolución de estas herramientas, al final es la misma cosa; compartir, compartir y compartir. Y las redes sociales lo único que hacen es facilitar a los más torpes de la casa el acceso a esta acción de compartir. Se lo dan todo hecho para que solamente tengan que añadir el contenido y puedan dejar a un lado todo lo demás. Gracias a ellos, periodistas, escritores, científicos y profesionales de todo tipo pueden hoy en día compartir sus pensamientos con el mundo entero de forma casi instantánea, sin que les suponga una pérdida de tiempo en sus labores, saliendo con ello el resto de mortales gratamente beneficiados. Por culpa de ello, cualquier encefalograma plano puede exponer su pensamiento más profundo: “Este mundo es una mierda”.

Y lo realmente malo de todo esto es que para encontrar un pensamiento interesante, un escrito “con sustancia” o una imagen que te recuerde dónde tienes el corazón, hay que desbrozar una selva cada día más impenetrable. Las redes sociales están contribuyendo a que esta selva crezca de manera exponencial. Quizás porque antes, para publicar algo en la red, había que adquirir unos conocimientos informáticos previos, crear una plataforma mínima y buscarse un sitio donde sacar a la luz  la criatura, lo que se paría era, en mi opinión, más interesante, ya que quien se tomaba tanto esfuerzo era porque tenía unas inquietudes importantes. Ahora, con tantas facilidades, cualquiera es capaz en pocos segundos de decirle al mundo entero que acaba de salir del cuarto de baño (¡gracias, Twitter, por tu aportación!) o que está sentado en el aeropuerto esperando el vuelo que viene con retraso. ¿Necesita el mundo “tanta información”? Seguramente no, pero la democracia tiene estas cosas …

Pero aún así, a pesar del ruido, muchas veces insoportable, que existe en ellas, sigo defendiendo las redes sociales. Uno camina por la calle y encuentra carteles publicitarios de todo tipo, desde un Sex Shop hasta el de la Biblioteca Nacional. Escucha en el bar hablar del partido de la semana y del bien y el mal. Te acercas a un quiosco y puedes comprar el diario y un coleccionable de los Pokemon (para quien no los conozca: maravilla japonesa para niños donde el maltrato animal se comete con animales que no existen y así, no hay delito). Es decir, existe la libertad y cada uno puede escojer ¿Sería mejor que alguien filtrase los contenidos por nosotros? Creo que esto ya se hace en China y Cuba :-()

Al igual que puedes elegir libremente a qué prestarle atención o en que establecimiento entrar cuando caminas por la calle,  en las redes sociales puedes elegir a quien agregar y a quien no. Y ahí está la raíz del problema de la basura intelectual de las redes sociales. La culpa de todo este ruido que existe en estas redes la tenemos nosotros por querer aparentar una falsa popularidad añadiendo a completos desconocidos como amigos y compañeros de pensamiento y alma. Gracias a ello, se nos llena la pantalla de mensajes tan interesantes como “Fulanito (un completo desconocido) acaba de abrir una galleta de la suerte y le ha salido el mensaje de que haga todo lo posible para ser feliz” o “install backtrack 4 pre-final”  mensajes sumamente interesantes, como veis.

Sí. Las redes sociales tienen futuro. Ahora están en pañales y son inocentes, pero evolucionaran y nosotros con ellas. Comenzaremos a ser más selectivos, buscaremos redes más especializadas (ya existen redes que se dedican exclusivamente a las relaciones profesionales, por ejemplo) y las utilizaremos de una forma más selectiva. Llegará el día que dejaremos de darle al botón ACEPTAR como posesos cuando comprendamos que a aquel conocido de la infancia que era un impresentable del que todo el mundo huía, Internet no va ha hacerle más interesante.

La ilusión de lo increíble, de Luis Alfonso Gámez

Facebook | La ilusión de lo increíble, de Luis Alfonso Gámez

He visto cosas increíbles: desaparecer un elefante en un escenario, encenderse un cigarrillo al acercarlo a un cenicero vacío, adivinar el resultado un número de una suma antes de conocer los sumandos. Aunque parecen milagros, no lo son. Sé que detrás de cada uno de esos prodigios hay una explicación racional, pero nunca me ha importado ignorarla. Cada vez que veo un espectáculo de magia, disfruto de la ilusión de lo increíble, de lo para mí inexplicado, que no inexplicable. No busco el truco, como no lo hago ante los efectos especiales de una película.

Entre el ilusionista y su público existe siempre un pacto: el artista se compromete a simular prodigios; el espectador, a seguirle el juego. Los ilusionistas viven de hacernos creer en lo increíble, pero están en las antípodas de los psíquicos y los investigadores de lo paranormal. Mientras que los primeros nos advierten de que lo suyo tiene truco, los segundos quieren hacernos creer que vivimos en un mundo lleno de prodigios. Hay gente que admite que el ilusionista David Copperfield nunca ha hecho desaparecer la Estatua de la Libertad, aunque parezca que así ha sido, y cree, sin embargo, que Uri Geller dobla cucharas sólo con el poder de la mente. Si el mago estadounidense se dedicará a romper cuberterías, dirían que hay gato encerrado; pero como lo hace Geller…

El mundo de lo paranormal es un mundo de engaños donde se vende lo inexplicado como inexplicable. Todos los dotados -desde las hermanas Fox, fundadoras del espiritismo a mediados del siglo XIX- han tenido su principal enemigo en los ilusionistas, por una razón muy simple: éstos viven de engañar a la gente y saben cómo hacerlo. El famoso Harry Houdini fue hace un siglo la bestia negra de los psíquicos, como hoy lo es James Randi, mago capaz de duplicar todos los fenómenos paranormales que han hecho famoso a Geller, desde doblar cucharas hasta adivinar qué ha dibujado alguien a sus espaldas. Cuando lo hace Randi, tampoco nadie habla de poderes extraordinarios.

Ray Hyman, profesor de psicología de la Universidad de Oregon, se hizo pasar una vez por echador de cartas en un programa de radio y abrió los micrófonos a los oyentes para que le preguntaran qué les iba a deparar el futuro. El resultado fue extraordinario: todos le dieron un sobresaliente en sus predicciones. Hyman, en realidad, sólo había puesto en práctica lo que se conoce como lectura fría, una técnica que consiste en sonsacar información al consultante para devolvérsela como si fuera un hallazgo nuestro. Es lo que hacen los adivinos en la tele, la radio y sus gabinetes, preguntar al cliente y deducir cosas de sus respuestas, apariencia, gestos… Fíjense la próxima vez que vean a un brujo en acción en un medio de comunicación cómo necesita que el pagano le facilite información, cómo no puede deducir por sí mismo ni siquiera la edad de su interlocutor.

No hay nada paranormal en la lectura fría. Cualquiera puede aprender sus principios y vivir de la ingenuidad del prójimo. En España, lo hacen miles de personas que echan el tarot, leen la bola de cristal o hacen cartas astrales. Y hay quien cree en sus poderes, pero niega que un ilusionista sea capaz de hacer desaparecer de verdad la Estatua de la Libertad, cuando en el fondo hablamos de lo mismo, de la ilusión de lo increíble. A mí me gusta que me asombren, no que me engañen. ¿Y a usted?

Publicado originalmente en A Ciencia Cierta.

Internet también cura

El Pais

Internet y la realidad virtual mejoran la lucha contra trastornos psicológicos, de la anorexia al estrés postraumático. Una docena de universidades trabajan en los nuevos métodos que incorporan Internet y aplicaciones de realidad virtual - En trastornos alimentarios como la anorexia, el ordenador juega un papel fundamental en la terapia

JOAN M. OLEAQUE 03/09/2009

Mucho se ha escrito sobre las adicciones a Internet y los videojuegos, pero mucho menos de sus bondades. Internet, los videojuegos y la realidad virtual curan. El presente de la realidad virtual ha superado sus mayores perspectivas de futuro y lo que parece la última frontera es su aplicación para terapia mental.

Mucho se ha escrito sobre las adicciones a Internet y los videojuegos, pero mucho menos de sus bondades. Internet, los videojuegos y la realidad virtual curan. El presente de la realidad virtual ha superado sus mayores perspectivas de futuro y lo que parece la última frontera es su aplicación para terapia mental. La combinación de realidad virtual más aparatos móviles son empleados por los terapeutas más avanzados para tratar trastornos psicológicos. Ya se habla de la telepsicología móvil.

A mitad de la década de 1990 se publicó en una revista científica el caso de un paciente que superaba su miedo a las alturas tras exponerse a un escenario virtual que reproducía situaciones de este tipo. Desde entonces, el viaje a universos paralelos aplicado a la exposición a fobias se ha desarrollado sin parar, ampliándose hacia múltiples trastornos de ansiedad, y hasta al trato a diferentes adicciones, como las ludopatías.Los institutos valencianos a Labhuman y Labpsitec están a la cabeza de la aplicación tecnologica a las dolencias psíquicas.

“En sus inicios Labhuman estaba centrado en el tratamiento de la imagen médica computarizada, pero al conocer el trabajo de Labpsitec se abrieron nuevos campos donde aplicar nuestro software de tratamientos psicológicos”, explica Esteban Anguita, del instituto Labhuman.

Cristina Botella dirige Labpsitec. Lidera un grupo de investigación de la Universidad Jaume I centrado desde hace más de 10 años en el uso de las nuevas tecnologías en la psicología clínica. Labpsitec forma parte de MIND Lab, una red mundial de excelencia pionera en procedimientos de realidad virtual y en la utilización de interfaces hombre-máquina.

“La conjunción entre realidad virtual e Internet nos permite abarcar desde el tratamiento del dolor crónico hasta la promoción del bienestar psicológico”, apunta la investigadora Azucena García.

Psicología clínica

Un arco que permite simular, con amplio grado de control, situaciones relevantes para la psicología clínica. “La técnica para el tratamiento de las fobias es la exposición, que consiste en que la persona se enfrente de forma gradual con las situaciones que teme”. Una persona con miedo a volar deberá pasar por la situación de ir al aeropuerto y ver los aviones volar (sólo o con la compañía de un terapeuta). Repetirá esa tarea hasta que pueda tolerar la ansiedad. Entonces pasará a situaciones relacionadas con volar más ansiógenas y se seguirá el mismo procedimiento, hasta llegar a la situación de volar.

“La mejor forma de aplicar la técnica es en vivo”, indica García Palacios, “pero esto no es siempre fácil y resulta muy costoso en tiempo y dinero -traslados al aeropuerto, billetes de avión, pedir permisos en el trabajo…”.

“Hoy, sin embargo, podemos tener todas esas situaciones gestionadas a través del ordenador, y en una tarde, a través de simulación virtual, yo puedo hacer que un paciente despegue cinco veces. Puedo incorporar turbulencias, que el vuelo sea de noche o de día, con mal tiempo o buen tiempo, que el avión esté lleno o vacío”.

Los pacientes muestran una preferencia por estos métodos. En un estudio de Labpsitec, cuando se les preguntó a 150 personas diagnosticadas de fobia qué preferían como tratamiento eficaz, el 76% eligió la realidad virtual.

En los trastornos alimentarios como la anorexia, se actúa de manera muy distinta. “El ordenador corrige las distorsiones de la imagen corporal que presentan estos pacientes”, de los que el 90% son mujeres.

En uno de los escenarios hay una figura que la paciente moldea para conformar la percepción de su propio cuerpo (le va poniendo más o menos volumen en los brazos, caderas, pecho). Cuando ha acabado, el ordenador superpone otra figura, la figura real que se ha conformado con las medidas reales de la paciente. Así, la paciente ve que está sobreestimando su percepción corporal: al comparar las figuras se ve cómo la figura subjetiva tiene más volumen que la figura real.

EMMA, para el estrés

Los mundos virtuales llegan a aplicaciones para problemas realmente complejos como el trastorno de estrés postraumático. “Para estos problemas se diseñó el mundo de EMMA dentro del proyecto del mismo nombre financiado por la Unión Europea”, explica García Palacios. “Un sistema flexible que no está predeterminado; es un escenario en el que podemos realizar cambios -el paisaje, el clima- e introducir elementos -música, vídeos, imágenes, narrativas, sonidos- para trabajar con las emociones”.

En estos problemas la terapia consiste en elaborar el trauma de forma que la persona lo incorpore a sus recuerdos sin que le cause un malestar intolerable. Los elementos de EMMA permiten simbolizar esos aspectos dolorosos y trabajar con ellos. Con este proyecto se pasó de usar el casco de realidad virtual a una pantalla grande en la que el paciente ya no necesita el casco.

“Por supuesto”, dice la investigadora, “lo que cada vez interesa más es cómo poder ayudar a las personas cuando el terapeuta no está presente. Se han desarrollado aplicaciones que el paciente se puede autoadministrar”. Se trata de soluciones a problemas psicológicos leves como las fobias específicas -miedo a hablar en público, a cucarachas o arañas- para las que existen tratamientos psicológicos eficaces que incluyen módulo de evaluación con instrumentos validados.

En situaciones más complicadas hace de apoyo a una terapia presencial. “El paciente viene a consulta una vez a la semana y en el periodo entre sesiones de realidad virtual puede realizar tareas terapéuticas conectándose a una página, o recibiendo información vía móvil”.

La asistencia electrónica está dando especial buen resultado con niños y ancianos. “Nuestro softwareMayordomo permite realizar una exploración cotidiana del usuario anciano para la detección de la sintomatología ansiosa y depresiva”, explica Esteban Anguita, de Labhuman.

“Una vez finalizada la evaluación, el sistema decide las opciones lúdicas y terapéuticas para un paciente concreto y envía una alarma al terapeuta responsable”.

En cuanto a los niños, “nuestro sistema Etiobe ayuda a tratar la obesidad infantil, que suele estar asociada a graves consecuencias físicas y psicológicas. Apoya los mecanismos de autocontrol para mantener un tratamiento de reducción de peso corporal y de prevenir recaídas”.

Juegos terapéuticos

Tiene aplicaciones para el personal clínico -diseña un protocolo de actuación personalizado-, para el hogar -sirve para el niño y sus padres, que pueden acceder desde un PC a todo lo que desarrolla el terapeuta- y a través de aparatos móviles; desde estos últimos el niño recibe consejos terapéuticos que le presta un agente virtual. “Todas nuestras soluciones tienen apoyo en Internet o giran en torno a la red”, explica Anguita, que cree que las posibilidades de desarrollo son enormes.

Uno de los últimos proyectos realizados por LabHuman es Eldergames, en el que varios ancianos practicaban juegos terapéuticos para estudiar sus capacidades cognitivas. “Lo destacado de este proyecto es que cada anciano estaba en un país diferente -España, Inglaterra y Noruega- y las mesas se mantenían interconectadas a través de Internet. El objetivo inmediato es aprovechar el auge de las redes sociales”, finaliza.

A la caza de los charlatanes

facebook no solamente sirve para recopilar gracietas de conocidos y menos desconocidos. De vez en cuando hay algo interesante. En esta ocasión me he encontrado la reseña de un libro que creo que estaba haciendo falta, especialmente en España. Para simplificar, voy a copiarla a continuación:

Artículo original en Magonia:

“La barrera para convertirse en experto se sitúa tan abanijo que el único requisito real es el talento para la autopromoción”, dice Damian Thompson sobre los vendedores de dietas milagrosas en Los nuevos charlatanes. La sentencia puede ampliarse a cualquier campo del contraconocimiento, desde la pseudohistoria hasta la medicina alternativa, pasando por el conspiracionismo, los ovnis y los peligros de la telefonía móvil. Periodista y sociólogo de la religión, Thompson es el niño que alerta en el cuento de que el emperador está desnudo. Nos avisa en este ameno ensayo del peligroso auge de una industria que explota la pseudociencia en su beneficio, en contra del conocimiento científico, y a veces con riesgo para nuestras vidas y la democracia.

Supe de esta obra gracias al historiador José Luis Calvo. Me la recomendó diciéndome que se trata de uno de los pocos libros escépticos publicados en España en los últimos años que ha encontrado interesantes. Destacaba, entre los argumentos a favor de Los nuevos charlatanes, que el autor le hincaba el diente a la pseudohistoria y, en particular, a Graham Hancock y al libro 1421: el año en que China descubrió el mundo, de Gavin Menzies. Sinceramente, Hancock siempre me ha parecido un plomazo y las lucubraciones de Menzies, sinsentidos, pero Thompson se ha molestado en desmontar tanto los artificios del primero y otros pseudoarqueólogos como los del segundo. A pesar de esto, para mí el principal logro del autor es otro, poner en el objetivo a los auténticos culpables del auge del contraconocimiento: los empresarios de la comunicación y la edición. Sin ellos, el charlatán más avispado sería un don nadie; con ellos, un experto acaba convirtiéndose en la referencia para miles e incluso millones de personas.

La guerrilla de las bitácoras

El papanatismo que nos rodea tiene en este libro un magnífico antídoto con una salvedad, la de la religión como me advirtió Calvo en su momento. Thompson, editor en jefe del Catholic Herald, considera que las creencias religiosas no han de juzgarse con las herramientas de la razón, como el resto de pensamiento mágico. “Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento. Si uno afirma que el Espíritu Santo le ha curado un cáncer, eso tampoco es contrastable; nadie puede demostrar que Dios no estuviera detrás de los procesos naturales o médicos que llevaron a su curación”, dice, invirtiendo tramposamente la carga de la prueba. Porque, cuando alguien sostiene que algo existe, es ese alguien quien debe demostrarlo, no el resto quien tiene que demostrar que ese algo no existe. Y lo mismo vale respecto a la mano de Dios en cualquier proceso natural o artificial. Es el borrón en un libro recomendable.

Thompson hace, además, en el último capítulo una llamada a la acción en Internet, un campo en el que también los anglosajones sacan años luz de ventaja a los escépticos hispanohablantes. “En el último par de años el contraconocimiento ha demostrado ser sorprendentemente vulnerable a los ataques de guerrilla de la bitacosfera. Los defensores independientes de la verdad empírica, armados hasta los dientes de datos sólidos, han organizado emboscadas devastadoras contra los curanderos y embaucadores que han penetrado demasiado en el dominio público”, indica. Y cita cuatro sitios de Internet que, a su juicio, “han hecho absolutamente miserables las vidas de las celebridades de la pseudociencia” porque “las reputaciones son fáciles de dañar en un mercado ferozmente competitivo, y la gente tiende a disfrutar del espectáculo de la humillación de opulentos y altivos gurús de la salud”.

Damian Thompson [2008]: Los nuevos charlatanes [Counterknowledge. How we surrendered to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history]. Traducción de Joan Lluís Riera. Ares y Mares. Barcelona 2009. 223 páginas. 18,5 €.

¿Quieres dejar de fumar?

dejar de fumarEn cursos.hluisgarcia.es comenzaremos a primeros de octubre un cursillo online de seis semanas para los que quieran dejar de fumar. La forma de trabajo será sencilla: aprovechando la plataforma de enseñanza moodle, se ha creado un curso virtual. Los usuarios registrados en el mismo, mediante las herramientas propias de la plataforma, accederán semanalmente a las instrucciones de los tutores, a documentación de interés, etc. Además, las tareas para casa y los autocontroles podrán subirse cómodamente y recibir posteriormente las indicaciones necesarias. La participación de los alumnos es seguida de forma automática por la plataforma, que crea los correspondientes informes de actividades mediante los que controlar los progresos de los asistentes. Para finalizar, el curso cuenta con chat, foro y un aula virtual mediante el que, a través de vídeo y voz, se realizará una sesión semanal de terapia en grupo.

Lo mejor de todo esto es que el curso es completamente gratuito, y ello es debido a que, por ser el primero, no sabemos aún cuál será la capacidad para prestar un servicio de calidad a todos los asistentes, y para averiguarlo, realizaremos este primer curso piloto con un grupo reducido de participantes.  El objetivo es prestar una atención lo más personalizada posible.

Si estás interesado en dejar de fumar, esta es tu oportunidad.

Lo que cuesta ser único en Internet

Tras haber comentado lo del intrusismo en nuestro ramo, sobre todo en Internet, donde hay personas que se hacen pasar por todo tipo de especialistas con tal de poner a tiro la tarjeta de crédito del cliente de turno, he estado haciendo algunas gestiones entre las empresas certificadoras españolas, y he llegado a las siguientes conclusiones:

  • Colocar un certificado digital en la página web, en el que se certifique por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya que soy miembro del mismo, no cuesta más de 100 € anuales.
  • Un certificado digital personal, que me sirva para identificarme ante mi colegio, por ejemplo, para votar o para participar en una consulta de otro tipo, o para cualquier otro trámite, cuesta 40 € cada dos años por persona.
  • Un software que gestiones estos certificados digitales o que gestione el sistema de votación, para así no tener que depender de terceros, puede costar hasta 3000€, dependiendo de quién lo haga. Si buscamos en el software libre, estoy seguro que lo encontraría por muchísimo menos.

No lo veo excesivamente caro, teniendo en cuenta, además, que estos son los precios “de entrada”, los que, dependiendo del número de usuarios y entidad del peticionario, siempre se rebajan. No veo escusa para no modernizarnos desde ahora mismo.

Y parece que el interés entre los colegiados por estos asuntos existe. En el programa electoral del grupo Nou COPC  ya tenían propuestas sobre este tema para las últimas elecciones y parece que las mantienen para las próximas.

Internet ha servido para que muchas empresas modestas hayan dado el salto definitivo y hayan podido llegar al gran público. La red de redes permite ahorrar costes en publicidad y distribución, entre otras muchas cosas que ataban a las PYMES. Internet es especialmente útil para las empresas que ofrecen servicios, pues la distribución y el acceso a los clientes se realizan a través de la propia red. Los psicólogos podemos ofrecer algunos de nuestros servicios (aún no estoy convencido de que todo se pueda hacer online) muy fácilmente por este medio, pero la red está tan saturada de “terapias” de no se sabe nunca quién, que actualmente, un terreno que debería de ser nuestro casi en exclusiva, lo hemos perdido por desidia. aún hay solución, no es tarde para que recuperemos el terreno perdido, pero hacen falta, al menos dos cosas fundamentales para comenzar:

  1. Que el cibernauta confíe plenamente en la profesionalidad de la persona/empresa que se ofrece a realizar esos servicios.
  2. Que desde los organismos oficiales, especialmente los colegios profesionales, se facilite y controle ésta nueva forma de acceder a los clientes por parte de los psicólogos.

Si se pudiese poner freno al intrusismo, combatiendo a todos aquellos que ofrecen soluciones psicológicas a los internautas sin acreditación ninguna y a la vez se facilitase el acceso a las nuevas tecnologías a los psicólogos colegiados y se les identificase en la red como lo que son, en poco tiempo se nos abriría un campo inmenso donde desarrollar nuestra actividad con las mismas garantías y seguridad que en la vida real. Creo firmemente que Internet está cambiando las formas de relacionarse de las personas y que estas personas buscan en la red soluciones a sus problemas cotidianos. Por ahora no hay un referente claro en la red que sirva de reclamo para cuando estas personas tienen  un problema psicológico. Ese debe de ser nuestro objetivo.

Intrusismo en Internet

La otra tarde me di una vuelta por el IRC-Hispano, para recordar viejos tiempos de chateos y comandos que ya tengo olvidados. El caso es que me encontré con un canal sobre psicología y allí que me fui. Esperaba encontrar alguna discusión sobre tal o cual tratamiento, sobre este o aquel problema, sobre el PIR o cualquier otra cosa de la que suelen hablar los psicólogos cuando se reúnen. Pero me encontré algo totalmente distinto: Dos tipos que, por la forma de expresarse parecían argentinos (¡como no!), iluminando el camino por este mundo a otro que al parecer sufría de desamor y depresiones. La escena era, simplemente, patética, escuchando (mejor dicho, leyendo) como a base de frases hechas y un discurso totalmente machista se trataba de levantar el ánimo al depresivo. Sin quererlo, me vi en medio de una pseudo-terapia aplicada por una pareja de vete tú a saber qué, y a un señor que seguramente encima estaba actuando ante los otros dos (y que estoy seguro que, si tenía un poquito de sentido común, se lo debería de estar pasando en grande con las tonterías de los “terapeutas”) Evidentemente, lo malo de los chats es que nadie sabe quién es quien. Pero visto desde los ojos de un “experto”, lo que estoy seguro es que los argentinos no eran psicólogos, no cabe duda. Más bien parecían dos desgraciados deseosos de que, por una vez en su vida, alguien les escuchase y les hiciese caso.

Todo esto que en sí no es más que una simple anécdota, me hizo pensar en el intrusismo que existe en Internet. ¿Cuántas páginas web, de supuestos “terapeutas” hay hoy en día de las que nadie sabe quién está detrás realmente? Se está cobrando dinero por tratamientos psicológicos y por enseñar técnicas psicológicas, en sitios webs en los que solamente la única información sobre los profesionales es una página de bienvenida y un formulario para introducir los datos de la tarjeta de crédito. Creo que el Colegio de Psicólogos debería de intervenir y denunciar a todos estos impostores. La forma de actuar es sencilla. Simplemente visitando los sitios, estudiando la información que ofrecen a los clientes y contrastándola, se descubrirían en poco tiempo muchos estafadores. Yo, por curiosidad, he hecho el experimento. En pocos minutos encontré currículum en los que figuraban titulaciones inexistentes (incluso universidades que nadie conoce), personajes que no informan siquiera de su titulación y otros que, sencillamente, son sólo “terapeutas”. Si todo esto pasase en el mundo real, y esta gente se anunciase en una revista profesional, creo que se actuaría inmediatamente ¿Por qué no se hace así en Internet? Vale que la red de redes conecta a personas del mundo entero y que desde España quizás no podamos influir en los sitios de otros países. Pero al menos, si se actuase con todos estos estafadores que tienen página en España, venderíamos una imagen de seriedad y dejaríamos para los países menos exigentes las páginas web de los estafadores. Los sitios de los psicólogos españoles tendrían un plus de calidad.

Además, se podría ofrecer desde el Colegio certificaciones digitales a todos los colegiados, de tal modo, que podríamos cargar estos certificados en nuestras webs y garantizar así que hemos pasado por el filtro del colegio, al igual que lo hemos hecho en el mundo real. Existen muchas empresas que ofrecen este tipo de certificados, además de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y la Generalitat de Catalunya, por ejemplo. En el colegio existiría una relación de los sitios webs de los verdaderos psicólogos. Otra opción, aunque menos segura, sería crear un script desde el perfil que tiene cada psicólogo en el sitio de su respectivo colegio y cargarlo en la página web propia, al estilo de los perfiles de Facebook, que pueden ser añadidos como una insignia en cualquier web por su propietario. Ver aquí un ejemplo. Al final de la columna de la izquierda se puede ver mi insignia de Facebook, que se actualiza automáticamente tras cada actualización que hago en mi perfil.
Resumiendo: Hoy en día se puede luchar contra el intrusismo que sufrimos los psicólogos en Internet. Ya es abundante el que ocurre en la vida real, por lo que no estaría mal ir reduciendo los frentes en esta batalla.

Spamm

Ya comienzo a ser famoso. Se  han registrado en el blog cuentas para llenarme  el sitio de Spamm. ¿Realmente alguien compra Viagra por Internet?

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